Fundación CTIC

Entrevista a Carlos de la Fuente por el #OpenDay2011


PuntoGOV, a través de César Dergarabedian, entrevistó a dos ponentes del #OpenDay2011: Carlos de la Fuente García, director de Servicios Tecnológicos del CTIC, con sede en Gijón, Asturias, España; y Ester Kaufman, Investigadora del Programa “Understanding Canada”. Ambos hablaron en torno de los temas del encuentro del próximo martes en Buenos Aires y aquí, las partes más importantes de los diálogos mantenidos con dos de los protagonistas del #OpenDay2011:

¿Por qué los Estados deben contar con una política de “open data”?

  • Carlos de la Fuente García: Las administraciones públicas en el ejercicio de su función atesoran información que crean, procesan, mantienen ó difunden, pero que a la vez son susceptibles de tener múltiples usos. La visión multipropósito por parte de los Estados de estos datos con el fin de la reutilización presenta una serie de oportunidades de gran valor: transparencia, desarrollo económico, interoperabilidad e innovación entre otros. Las acciones de apertura de datos y su puesta a disposición pública en formatos abiertos, aumenta la eficiencia de las administraciones: los datos se hacen mucho más interesantes si son compartidos y agregados a otros datos aumentando así la eficiencia de los recursos públicos. Por otro lado, la falta de apertura de datos públicos perjudica seriamente a las pequeñas empresas frente a las grandes en el esfuerzo por recopilar datos, en muchas ocasiones de dudosa calidad. A la hora de acceder a la información publica nos podemos encontrar múltiples mecanismos de acceso, en formatos privativos, costosamente procesables, bajo diferentes esquemas de licencias ó políticas de tasas inasumibles, lo que hace desistir a muchos emprendedores de esta opción de desarrollo.
  • Ester Kaufman: Porque estamos inmersos en la sociedad de información donde la gestión del conocimiento es clave. Una de las condiciones para su desarrollo es que la información que gestiona el Estado esté disponible en la medida que esa apertura no afecte a la privacidad o la seguridad con mayúsculas. Se pretende así generar círculos virtuosos de innovación multiactoral y, de este modo, aumentar la competitividad en lo económico. Respecto a lo político, la información oportuna, veraz y pertinente permitiría la participación responsable. Esto último significa garantizar el posicionamiento informado de los ciudadanos, a fin de que sus derechos de participación no se ejerzan como meras formalidades. Esa participación informada debe darse tanto respecto a la gestión de las políticas como en las prácticas electorales. Tal como ha sido reconocido por expertos europeos (GEAN, por ejemplo) el actor que recoge y procesa mayor información, con las más altas potencialidades de valor agregado, es el propio Estado. Esa información debe volcarse a la sociedad para que sus integrantes las transformen en conocimiento a partir de la aplicación situada de cada uno de sus ciudadanos.

¿Cuál es el rol que le cabe a la industria de las TIC para desarrollar estas políticas de “open data”?

  • Carlos de la Fuente García: Los datos son materia prima de primer orden para el sector tecnológico. Si los Estados tienen la oportunidad de dirigir la innovación con los procesos de apertura, la Industria tiene el reto de explotar su creatividad pare generar servicios de valor. Esta simbiosis publico privada, incrementará la fortaleza de nuestro estado de bienestar porque la ciudadanía dispondrá de servicios que la administración no es capaz de desarrollar, siendo así mas eficiente a costo mínimo. A su vez, la empresa obtendrá un rendimiento por las posibilidades de negocio de la iniciativa privada. No debemos olvidar que los servicios y las aplicaciones útiles son el fin, los datos son el medio.
  • Ester Kaufman: Ese círculo virtuoso que mencionaba antes requiere ser potenciado por herramientas tecnológicas altamente participativas y seguras. Por otra parte, no todos tienen derecho a acceder a toda la información. Determinar quién tiene derecho a acceder a qué requiere grados de personalización de los destinatarios que suelen implicar complejidades jurídicas que derivan en complejidades tecnológicas. Algunos tendrán derecho a acceder a datos más particulares, otros a datos un poco más generales y otros solo a estadísticas. Todo esto es imposible sin la participación creativa de la industria de las TIC acompañando las definiciones.

¿Cómo describirían las características culturales y tecnológicas que debe tener un funcionario público en el marco de un “gobierno abierto”?

  • Carlos de la Fuente García: Cuando se afrontan estrategias de gobierno abierto, en la mayoría de las ocasiones, el reto no es tanto tecnológico sino de voluntad política por un lado y de cambio de mentalidad por otro. Podemos afirmar que el desarrollo de los procesos de modernización asumidos por las administraciones, en general, han elevado su nivel de desarrollo tecnológico, pero no es fácil que las administraciones asuman procesos de control público. La transparencia es la mejor forma de control y la más barata. Pasar del control interno al control público requiere voluntad y cambio. La información que gestiona el estado no es de propiedad del funcionario público de turno, pertenece a sus legítimos propietarios, la ciudadanía. La administración debe asumir que su capacidad siempre es limitada y que su rol es la eficiencia en la prestación de servicios, por tanto es fundamental tener esta visión multipropósito de los sistemas de información.
  • Ester Kaufman: Quiero dejar en claro que no se puede pensar el gobierno abierto sin determinar quiénes son los sujetos que producen las transformaciones. Pensarlo en general, opino, es algo inconducente y mágico. Ahora bien, difícilmente pueda afirmar que sólo se trata de cambiar las características culturales de los funcionarios públicos, en tanto niveles técnicos. Esto sería omitir a la política y a los políticos como sujetos garantes de estas transformaciones. En la medida en que no exista voluntad política explicitada mediante marcos normativos para dichas políticas, más grados ciertos de implementación, los funcionarios podrán hacer muy poca cosa y sus cambios culturales serán visto como “marginales”. Esto no quiere decir que estos grupos sean neutros en cuanto a su impacto. Al contrario. El impacto existe pero también la posibilidad de que generen irritación en espacios políticos que viven de la fragmentación y que dirigen sus áreas. Producido esto, esos conjuntos son condenados al ostracismo. Si las autoridades políticas están convencidas, y ese convencimiento se traduce en marcos generales que avalan prácticas concretas, los funcionarios tendrán ya un piso sobre el que pueden empezar a desarrollar trabajos colaborativos horizontales de ampliación creciente hacia la instauración de un gobierno abierto interno, más allá de los silos burocráticos.
    • ¿Qué prácticas y competencias debe poseer un funcionario público involucrado en un “gobierno abierto”?

    • Carlos de la Fuente García: Un gobierno abierto apuesta por la transparencia, el fomento de la participación y la colaboración. En el ámbito de la transparencia, cobran especial importancia, el conocimiento e implementación de las recomendaciones técnicas estándares en los procesos de publicación de datos para fomentar el desarrollo de aplicaciones y servicios más ricos. Es necesario implementar procesos de identificación y catalogación de la información eficiente para facilitar el acceso y consumo de los datos por parte de los reutilizadores -sea industria TIC o la propia administración publica-. En este sentido el horizonte es la utilización de tecnologías semánticas para añadir información de contexto a los datos expuestos. Por otro lado, hay que implementar técnicas de escucha activa por parte de los estados, para conocer la demanda de servicios, las necesidades de información y para hacer participe a la ciudadanía de los procesos de gestión pública.
    • Ester Kaufman: Las competencias que deberían estar generándose tienen que ver con la predisposición a compartir la información, a trabajar en redes y comunidades de práctica, a crear de espacios de consensos para implementar de modo coordinado las políticas públicas, a sostener sistemas de monitoreo y evaluación, con vistas a mejorar los servicios de los gobiernos con perspectivas ciudadanas, todo ello también habilitado por herramientas web 2.0 en la que serían practicantes activos. Esas prácticas, en nuevos ambientes tecno sociales participativos, van abriendo los gobiernos en forma coordinada hacia el exterior, ampliado el círculo virtuoso; lo que implica un aumento creciente de inclusión de la opinión de los destinatarios externos (ahora participantes de sistemas de mejoramiento continuo). Es imposible pretender un gobierno abierto a la ciudadanía si no existe ese desplazamiento. Y esto no es un problema tecnológico.

    El gobierno abierto necesita de “ciudadanos digitales”. ¿Cómo se genera y conforma esta nueva ciudadanía?

  • Carlos de la Fuente García: Las políticas de desarrollo social con base tecnológica deben contribuir a crear una sociedad más exigente en la demanda de servicios de calidad. Los procesos de alfabetización digital nos acercan a innovaciones tecnológicas cada vez más al alcance de la mano. Cada día optamos a una tecnología más asequible, más comprensible, útil, accesible y en definitiva usable. Estos procesos siguen siendo necesarios, pero no olvidemos que el escenario en el que se desarrollan estas políticas es cambiante, y los poderes públicos deben estar atentos y saber adaptarse. Dos ejemplos evidentes, en primer lugar la irrupción en el escenario social de los nativos digitales –“la generación i”-, jóvenes que manejan con asombrosa soltura los canales de comunicación digital. En segundo lugar, se debe prestar especial atención a las tecnologías móviles, que están al alcance de todos y proporcionan hoy por hoy la mayor garantía de acceso universal. Las estrategias de gobierno abierto deben tener en cuenta estas cuestiones y aprovechar la evolución natural que se produce con la “digitalización de la ciudadanía” para mejorar, en definitiva, la calidad de vida de las personas.
  • Ester Kaufman: No se trata de “ciudadanía digital”. No se trata de una cuestión de tecnología sino de formas de gobierno que pertenecen al campo de lo que son los sistemas políticos en relación a la participación ciudadana. Se necesita una nueva ciudadanía, eso sí. Me atrevo a enunciar algunas condiciones que no son precisamente tecnológicas:
    • Brindándole toda la información útil posible considerando las necesidades y derechos de grupos específicos de ciudadanos. No puede pensarse en la ciudadanía como algo “abstracto” porque en ese tipo de pensamiento la perspectiva de cada sector está ausente. La tecnología puede ayudar sólo si ya han sido pensados/ admitidos los modelos donde esas perspectivas se pueden rescatar e incluir.
    • Convocando a la ciudadanía a través de propuestas serias para avanzar consensuadamente. Una vez establecido el consenso sobre determinados objetivos, deben instaurarse sistemas de mensurabilidad y garantizarse los recursos que lleven a buen puerto dichos consensos. No hay nada que quite más las ganas de participar que hacerle perder tiempo a la gente con promesas luego incumplidas.
    • Precisando el valor de la participación de cada ciudadano en pos de algo parecido a algún carácter vinculante.
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